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domingo, 29 de abril de 2012

Se sentía mal a menudo por no echarlo de menos, pero se consolaba diciendo que cada cosa tiene su mecánica sentimental y que tal vez aquella era la única forma de reconstruirse a sí misma. Por egoísmo, por protección o por ausencia de nostalgias, lo único que quería era protegerse.
No obstante, a veces lo echaba de menos. No tanto a la hora de dormir en una cama vacía sino en su manera irrepetible de tocar el timbre, de ver la vida como un camino lleno de obstáculos no tan difíciles de superar o su sonrisa interminable. Entonces, el mundo se le antojaba incomprensible y extraño, más por creer imposible que hubiese gente capaz de tomarse las cosas con tan buen talante por ahí suelta que por ver a la vida como un artefacto malvado y tendente a la injusticia. 
De cualquier modo, lo que más le escamaba de todo era cómo a lo largo de su vida los hombres con los que había compartido historia y sábanas terminaban por ser todos un pozo de problemas y tristezas cubiertos de ese carácter vitalista. Y lo que creía peor: por qué nunca funcionaban los engranajes de ambos si en el fondo eran dos caras de la misma moneda.
Luego le dio por recordar que ninguno de ellos le había llenado tanto como aquél que estaba plagado de tristezas y de dudas y que dejaba que éstas se asomasen ocasionalmente a la boca del pozo.
Entonces concluyó todo aquello diciéndose a sí misma que la nostalgia en este caso de autoprotección no era más que un error fatal que había que esquivar a cualquier precio y fueran cuales fueran las circunstancias.

martes, 18 de octubre de 2011

.Te he estado buscando en todos los rincones de mi soledad, y, tristemente, también te he buscado en todos los rincones de mis compañías posteriores. Te he buscado en cada palabra, en cada caricia, en cada sensación, en cada susurro, en cada mensaje, en cada mirada, en cada castillo de naipes. También me he estado engañando a mí misma con motivos que ni yo entendía, y con esa triste excusa he ido huyendo hacia delante como si el suelo tras de mi se fuese evaporando.
Por otro lado, he ido tachando días del calendario hasta quedarme prácticamente sin tinta y sin llegar del todo a comprender ciertos fenómenos comunicativos que de vez en cuando tienen lugar y parecen no encontrar su explicación en la cotidianidad de los días.
Y así han pasado años, y tal vez pasen lustros y yo continúe buscando lo que (tal vez) no existe más y sólo sucede una vez en la vida.

domingo, 26 de junio de 2011

Corríamos como si no tuviésemos mañana y cuando nos encontrábamos con el amanecer pensábamos que era un truco, así es que nunca dejamos de correr.
No voy a negarles que todo aquello fue tremendamente excitante y que, durante el escaso tiempo que transcurrió desde el inicio hasta el fin, estuvimos algo por encima del límite de velocidad aconsejado (quién sabe si fue precisamente eso lo que nos llevó a aquel siniestro parcial). Pero, como todo viaje a Amsterdam, fue fugaz y terminó en mi caso con técnicas de autoconsuelo que más tarde me torturarían hasta límites insospechados.
En realidad no sé por qué vengo a contarles todo esto cuando probablemente ni siquiera les interese imaginar de qué o de quién estoy hablando, pero creo que tiene algo que ver con todo eso de que, desde el momento en que te das cuenta de algo hasta el momento en que te decides a ponerlo en práctica y de hecho lo haces, tal vez la vida te haya colocado en otra partida sin que apenas hayas percibido tu propia derrota.

martes, 26 de abril de 2011

Como la luz de un sueño,
que no raya en el mundo pero existe,
así he vivido yo
iluminado
esa parte de ti que no conoces,
la vida que has llevado junto a mis pensamientos...

Y aunque tú no lo sepas, yo te he visto
cruzar la puerta sin decir que no,
pedirme un cenicero, curiosear los libros,
responder al deseo de mis labios
con tus labios de whisky,
seguir mis pasos hasta el dormitorio.

También hemos hablado
en la cama, sin prisa, muchas tardes
esta cama de amor que no conoces,
la misma que se queda
fría cuanto te marchas.

Aunque tú no lo sepas te inventaba conmigo,
hicimos mil proyectos, paseamos
por todas las ciudades que te gustan,
recordamos canciones, elegimos renuncias,
aprendiendo los dos a convivir
entre la realidad y el pensamiento.

Espiada a la sombra de tu horario
o en la noche de un bar por mi sorpresa.
Así he vivido yo,
como la luz del sueño
que no recuerdas cuando te despiertas.

Luis García Montero

sábado, 13 de noviembre de 2010

.Igual te preguntas por qué ahora y no dentro de un mes que es tu cumpleaños, y te respondería si pudiese encontrar una razón lógica a este constante recuerdo que me abraza hasta casi ahogarme. Ya sabes, hay amores que matan (aunque el tuyo a veces me da la vida).
Sé que te encanta la forma artificiosa, lo llamativo en su esencia y lo vital, todo lo que infunda ánimo de seguir saltando, o tropezando, aun en las sendas más pedregosas. Sí, claro que lo sé; han sido muchos veranos a tu lado y muchos inviernos prendidos del fuego de una cerilla cuya llama titilaba con el viento y amenazaba con apagarse.
Pero esta vez vas a tener que disculparme, estoy de un gris insoportable. Cuando me ducho, el agua cristalina se convierte en gris, las luces se convierten en un brillo mortecino y las paredes amenazan con sombras de color gris oscuro casi negro. Te digo esto para que sepas, aunque sé que eres plenamente consciente de ello, que te escribo desde la más profunda melancolía.
Desde la habitación con paredes grises que el Otoño ha pintado, te escribo para agradecerte esa capacidad insólita que tienes de alegrarme los momentos con sólo ver las fotos que tenemos juntos. Esta capacidad no sólo viene motivada por el hecho de que estéticamente quedas bien donde quiera que te pongas, sino que en ella intervienen factores como tu vitalidad, que sobrepasa los límites icónicos para instalarse a mi lado y me hace pensar que merece la pena volverse gris durante un tiempo sólo por volver a darte un abrazo.
Eres una de esas personas que aparecen en la vida de los demás como por casualidad y acaban instalándose hasta conseguir la etiqueta de "celebrity". Alguien edición limitadísima, de originalidad casi imposible y exultante carácter. Alguien capaz de teñir la mañana más austera de verde y naranja, capaz de llevar al extremo el término diversión en una noche fría como un témpano.
Y tengo que darte las gracias también porque, de no ser por tí, no tendría ni la mitad de mis fotos preferidas, me faltaría un 50% de los fotogramas que, día a día, aportan una dosis de energía a mis mañanas de lunes.
Por personas como tú puedo decir que tengo dos hogares. Uno, el indómito mundo al que me enfrento yo sola con los pilares que el destino ha puesto en mi camino en forma de amigos, y otro, el que se adivina tras vastos campos verdes y marrones y donde se respira el aire más puro que se ha creado.
Gracias a personas como tú, no podría jamás abandonar ese mundo por mucho empeño que pusiese.
No sé si se me ha escapado decírtelo alguna vez, pero TE QUIERO. Así, con mayúsculas y con un convencimiento que casi asusta.




jueves, 21 de octubre de 2010

.Un recuerdo es como una persona. Puede echarte a perder o puedes echarlo a perder. Puede hundir tu dignidad, puedes hundirle la suya (que tienen, cuidado).
Son seres curiosos los recuerdos. Más poderosos que factores como el clima y mucho más poderosos que las pasiones que nos arrastran. Incluso podríamos decir que, en la escala jerárquica del poder, los recuerdos están (o casi) en la cúspide.
Cada recuerdo es diferente, como las personas. Y, como una persona, cuando se acerca, no sabes nunca qué reacción va a provocarte la colisión con él.
También pueden hacerte sentir horriblemente feliz o, por el contrario, horriblemente miserable en cualquier momento; eso también sucede con las personas.
Pero los recuerdos no entienden de algo esencial: si los tratas bien o los tratas mal. No lo entienden.
Aunque intentes portarte bien con ellos, pueden volverse contra tí sin motivo alguno (y viceversa).
Y como contrincantes son infalibles, no tienes escapatoria rápida si quieres librarte de ellos. La solución para combatirlos es el tiempo (y a veces ni siquiera eso).

lunes, 16 de agosto de 2010

.Prometí escribirle la mejor de las historias, mostrarle el reverso de mi corazón, que estaba cubierto de algodón por dentro.
El otro día lo ví (después de tanto tiempo) y me costó mucho intentar parecer natural delante de él y de sus palabras como cuerpos, y cuando digo mucho probablemente no entiendan la intensidad con la que lo refiero.
Se me antojó pensar después de aquella noche que justo cuando nos encontramos en una situación complicada es cuando, casi sin notarlo, escribimos las mejores historias. A menudo los ojos se convierten en la pluma, y la tinta se desliza por las pestañas, esparciéndose a través del espacio que dista entre dos cuerpos, y llegando a atrapar al otro interactor.
Dependiendo de cómo escriban nuestros ojos, al contrincante se le atrapa de un modo u otro, y ganar la partida, dependiendo del contexto, tiene relación en gran medida con las distancias que guardamos.
Os prometo que, si supieseis cómo son sus ojos, su pelo, su voz y las formas de su cuerpo, entenderíais, aunque sólo fuese una pequeña parte, mi sensación de pérdida cada vez que se marcha. Porque el vacío que acostumbra a dejar su ausencia es nuestra distancia al final de una conversación multiplicada por el número que va antes de llegar al infinito.

viernes, 6 de agosto de 2010

Estábamos en la terraza tomando alcohol cuando me preguntó por qué, así sin más.
Yo estaba con las manos apoyadas en la barandilla helada, sintiendo los huesos del Febrero más tibio de mi breve existencia, y le pregunté que por qué qué en concreto.
Empezó otra vez con esa jodida risa que me provocaba una horrorosa y violenta incertidumbre, y, sólo cuando vio un destello iracundo en mi mirada, sosegó y me preguntó: por qué estamos aquí? Pensé que estaba de un existencialista profundo y quise regalarle algún dardo mordaz, pero en seguida continuó expresándome lo rara que se le presentaba aquella situación, diciendo algo como que éramos dos personas de tiempos distintos y mundos parecidos que estaban ligados por una soga invisible más resistente en un lado que en otro que podía vencerse en cualquier momento.
No voy a negarles que aquello me sorprendió, estaría mintiéndoles.
Me acerqué un poco a él, lo suficiente para tocarle la barbilla, y le dije que el amor era puramente irracional, y que ahí encontraba yo la respuesta a su pregunta.

martes, 3 de agosto de 2010

.Una vez me contó en medio del café que follar con él era distinto, y no supe qué cara poner.
Empezaré desde el principio, de acuerdo.
Habíamos quedado en mi cafetería preferida, que solía estar llena siempre pero aquel día parecía haber sufrido un exterminio, porque no había ni rastro de otra vida humana ajena a la de la camarera.
Pedí mi clásico solo con hielo de verano y ella pidió su clásico café vainilla. Empezó a contarme de los de aquí, de los de allá, y de los de más acá hasta que llegó a él.
Me dijo que había conocido a alguien completamente maravilloso que le hacía sentir especial, y supuse que era uno de esos romances pasajeros que acostumbraba a coleccionar, hasta que me dijo su nombre y sus atributos físicos, y tuve que disimular muchísimo, pero aún así tuve que justificar mi expresión diciendo que la descripción no coincidía con el tipo de chicos que ella acostumbraba a frecuentar.
Me dijo que en eso precisamente estaba la gracia, en que era algo completamente revolucionario para ella, algo que había conseguido romper por completo todos sus esquemas. Le dije que sí, que era maravilloso, y entonces fue cuando empezó a hablarme de sus vaivenes de índole carnal.
Empezó a contarme lo maravilloso que era hacer el amor con él (porque hacían el amor en lugar de follar), y yo, mientras escuchaba su voz como un murmullo lejano, recreaba en mi mente mis momentos junto a él.
Ella no paraba de hablar, se la veía emocionadísima de veras, y yo, que estaba al borde de una taquicardia severa, concluí esa conversación diciendo que nos habíamos pasado la vida intentando encontrar al tipo que fuese bueno en la cama y que tuviese un comportamiento adecuado en todolodemás, y que cuando lo encontramos igual se desvanece pronto por cualquier estupidez.
Entonces se quedó muy seria, le dije que yo pagaría la cuenta y que tenía que irme inmediatamente.
Si están pensando en que lo primero que hice tras salir de la cafetería fue derrumbarme, se equivocan, lo primero que hice fue llamarlo para preguntarle si era feliz con su nueva chica, y su respuesta fue que sí, que era la mitad de feliz de lo que lo fue conmigo, y eso le hacía sentir el hombre más afortunado del mundo.