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martes, 18 de octubre de 2011

.Te he estado buscando en todos los rincones de mi soledad, y, tristemente, también te he buscado en todos los rincones de mis compañías posteriores. Te he buscado en cada palabra, en cada caricia, en cada sensación, en cada susurro, en cada mensaje, en cada mirada, en cada castillo de naipes. También me he estado engañando a mí misma con motivos que ni yo entendía, y con esa triste excusa he ido huyendo hacia delante como si el suelo tras de mi se fuese evaporando.
Por otro lado, he ido tachando días del calendario hasta quedarme prácticamente sin tinta y sin llegar del todo a comprender ciertos fenómenos comunicativos que de vez en cuando tienen lugar y parecen no encontrar su explicación en la cotidianidad de los días.
Y así han pasado años, y tal vez pasen lustros y yo continúe buscando lo que (tal vez) no existe más y sólo sucede una vez en la vida.

sábado, 18 de septiembre de 2010

.Salí de casa desesperada, sin tener demasiado claro si el plan iba a funcionar o no. Si funcionaba, me cubría de gloria, y, si fracasaba, tendría la absoluta certeza de que nunca más iba a tener una oportunidad como aquella para sentirme plena. Así es que me puse el disfraz de bala con los labios pintados y la raya del ojo en modo discontinuo y asusté incluso a los señores del Metro.
La última señal que había recibido, la misma que me había empujado a esa carrera, la recibí a destiempo y con incertidumbre, pero quería probar. Yo mandaba señales pero del feed-back no había ni rastro y eso aumentaba mi desesperación.
Cogí algo así como 14 trenes para llegar, y en cada uno de ellos encontraba a alguien que, al mirarme, parecía compadecerse de mí y querer tomar en adopción a mi mirada que pedía socorro a golpes de afonía.
Cuando llegué, me serví de un mapa improvisado que yo misma me había fabricado y deambulé por aquellas calles casi vacías de gente; al preguntar, todos me indicaban la misma dirección, pero yo no sabía llegar y, mientras vagaba como un gato herido, veía cómo la posibilidad de tocar con las manos un trozo de magia se esfumaba con cada paso que daba.
Recibí una llamada desde el mundo real que me advertía de que todo aquello era una locura, de que volviese a casa antes de que me quedase sin transporte y de que me pusiese a salvo de todo aquello.
Até cabos y terminé con un puñado de dudas en cada mano, pero me pesaba más la conciencia que el valor y regresé con la infinita pregunta de 'qué hubiese pasado si'.
Nada más llegar a casa, apareció el feed-back en modo flash-back; respondí, se estableció de nuevo comunicación bi-direccional, pero ahora me acompañaba un saco de dudas acerca de si todo aquello era o no verdad.