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domingo, 27 de junio de 2010

.He aquí una oda al espectáculo más maravilloso que un ser humano puede contemplar.
La alabanza al espacio que se cierne entre las ramas, al color que viste a las flores en primavera y al frescor del pinar en pleno diciembre.
Es un canto al naranja del níscalo y al color rojizo del vino.
Y un soplo de esperanza para las entrañas de la Madre Tierra que, con sus colores, cambia nuestro estado de ánimo e incluso desordena nuestro alma. En el peor de los casos, la naturaleza nos estaría abrazando con la mejor de sus promesas.

sábado, 12 de junio de 2010

.Hace tiempo dejé de interesarme por la filosofía. Os prometo que me encantaban mis clases de ética, pero la filosofía se ganó a pulso mi odio. Bueno, rectifico: fue mi profesor, una persona, a mi parecer, fría y vacía, como un invierno en la memoria de un pez. Eso, sumado a su modo de corregir los exámenes en el que sólo los favoritos ganaban, me hizo odiarlo aún más, a él y a su materia. Y eso que yo estaba entre los favoritos, muy a mi pesar.
Por eso fui incapaz de interesarme por Santo Tomás o Kant, su preferido, dicho sea de paso. Aparte de los cuatro autores que conocí en segundo curso y del que sólo me gustó Platón porque me resultaba poético y musical, no conozco mucho más, y lo más triste es que no puedo evitar la sensación nauseabunda que me aborda al escuchar el nombre de algún filósofo.
Y he pensado que necesito alguien que me ayude a no odiarles, a sacar su parte pragmática, o su parte poética, que digo yo que todos la tienen; alguien que no se enrede en las ramas del detalle, como acostumbro a hacer cuando se me pregunta por algo que me guste, y que me explique cómo esas personas y sus sistemas llegaron a importar al mundo.
Alguien que sofoque mi afán nihilista y que me ayude a creer en algo diferente a Edipo, en algo infalible, en algo que sea agua tibia para un alma congelada.


llevarás las riendas de la vida hasta la sonrisa perfecta, que es lo único por lo que merece la pena luchar.

jueves, 10 de junio de 2010

.Aquí te echo de menos mientras se me derriten los hielos del café y suena una voz tenue.
Y tú, probablemente, des-esperándote con tu futuro, durmiendo una siesta o trabajando, qué se yo.
Pero yo no puedo dejar de echarte de menos, a ti y a tus ojos verdes, a tu manera de hablar y hasta al modo en que recortas el espacio que nos rodea. Te echo de menos también porque te sorprendes cuando me ves, o porque al menos lo figuras muy bien, como si no pudieses reconocerme después del tiempo que, siendo poco o mucho, sigue jugando sus dados sin escrúpulos sobre dos tableros cuyas rayas esnifamos a medida que nos desesperamos. Pronto no quedarán rayas y nuestros tableros tendrán que aprender comunicación gestual, con lo difícil que es cuando te borran hasta los ojos.
Lo cierto es que lo he estado pensando en frío y creo que lo mejor es terminar de recortar el aire hasta que no quede oxígeno entre los dos, con eso terminaremos por no desesperarnos y tendremos que dejar el vicio de las rayas de los tableros. De ese modo, les dejaremos los ojos para que la comunicación gestual, cuando sea necesaria, les sea más fácil.
Y para cuando no tengamos más remedio que esnifarnos sus ojos, sólo tendremos dos opciones: perdernos por separado o continuar peligrosamente juntos de modo que no haya más remedio que nuestra propia decisión.

lunes, 7 de junio de 2010

Los teatros están llenos de engañosas sirenas coronadas con rosas de invernadero, y el público está satisfecho y aplaude viendo corazones de serrín y diálogos a flor de dientes; pero el poeta dramático no debe olvidar, si quiere salvarse del olvido, los campos de rosas, mojados por el amanecer, donde sufren los labradores, y ese palomo, herido por un cazador misterioso, que agoniza entre los juncos sin que nadie escuche su gemido.

Huyendo de sirenas, felicitaciones y voces falsas, no he aceptado ningún homenaje con motivo del estreno de Yerma; pero he tenido la mayor alegría de mi corta vida de autor al enterarme de que la familia teatral madrileña pedía a la gran Margarita Xirgu, actriz de inmaculada historia artística, lumbrera del teatro español y admirable creadora del papel, con la compañía que tan brillantemente la secunda, una representación especial para verla.

Por lo que esto significa de curiosidad y atención para un esfuerzo notable de teatro. Doy, ahora que estamos reunidos, las más rendidas, las más verdaderas gracias a todos. Yo no hablo esta noche como autor ni como poeta, ni como estudiante sencillo del rico panorama de la vida del hombre, sino como ardiente apasionado del teatro de acción social. El teatro es uno de los más expresivos y útiles instrumentos para la edificación de un país y el barómetro que marca su grandeza o su descenso. Un teatro sensible y bien orientado en todas sus ramas, desde la tragedia al vodevil, puede cambiar en pocos años la sensibilidad del pueblo; y un teatro destrozado. donde las pezuñas sustituyen a las alas, puede achabacanar y adormecer a una nación entera.

El teatro es una escuela de llanto y de risa y una tribuna libre donde los hombres pueden poner en evidencia morales viejas o equívocas y explicar con ejemplos vivos normas eternas del corazón y del sentimiento del hombre.

Un pueblo que no ayuda y no fomenta su teatro, si no está muerto, está moribundo; como el teatro que no recoge el latido social, el latido, histórico, el drama de sus gentes y el color genuino de su paisaje y de su espíritu, con risa o con lágrimas, no tiene derecho a llamarse teatro, sino sala de juego o sitio para hacer esa horrible cosa que se llama "matar el tiempo". No me refiero a nadie ni quiero herir a nadie; no hablo de la realidad viva, sino del problema planteado sin solución.

Yo oigo todos los días, queridos amigos, hablar de la crisis del teatro, y siempre pienso que el mal no está delante de nuestros ojos, sino en lo más oscuro de su esencia; no es un mal de flor actual, o sea de obra, sino de profunda raíz, que es, en suma, un mal de organización. Mientras que actores y autores estén en manos de empresas absolutamente comerciales, libres y sin control literario ni estatal de ninguna especie, empresas ayunas de todo criterio y sin garantía de ninguna clase, actores, autores y el teatro entero se hundirá cada día más, sin salvación posible.


Charla sobre el Teatro (1935); Federico García Lorca.