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sábado, 26 de febrero de 2011

.Que el tiempo pasa inexorablemente es algo que ya asumieron en la Antigüedad Clásica personas que, como yo y supongo que también como ustedes, continuaban intentando manejar su existencia día tras día a veces sin notar que la propia existencia (y sus variantes) es quien realmente nos maneja a nosotros.
Han pasado siglos desde que Safo, Sófocles, Esquilo, Eurípides, Ovidio, Virgilio o Dante manifestasen por escrito, y con un talento absolutamente sublime, la naturaleza de la existencia humana y los entresijos y miserias que ésta encierra tras su apariencia.
Han pasado siglos desde la redacción de todos aquellos escritos y el ser humano sigue siendo una sorprendente combinación entre lo más sencillo y lo más complejo del mundo. Podríamos poéticamente decir que el ser humano es la contradicción más simple del Universo conocido.
Pero, tras esta clara función fática, se nos revela un aspecto verdaderamente curioso del ser humano, que está estrechamente ligado con la cultura.
Cómo explicarlo? El ser humano ha creado, a veces con suma maestría casi impropia de nuestro género y a veces con un carácter deplorable que hace pensar que el creador de la obra es un verdadero misántropo desprovisto del tacto que todo arte requiere, una infinidad de obras para ilustrar un sentimiento, una emoción o incluso el propio paso del tiempo.
Qué les voy a contar? si el Lacrimosa de Mozart no consigue erizarles el vello o la carta que Dido le escribió a Eneas tras su partida no logra despertar incluso las emociones que no sabían que existían dentro de ustedes, tal vez no consigan entender la aparente sencillez desnuda de un verso de Salinas o el párrafo de un guión de Billy Wilder.
En resumidas cuentas, esto viene a significar que la cultura, en cualquiera de sus manifestaciones, nos acompaña día a día y es un aderezo casi fundamental a la hora de recordar diversos pasajes de nuestras vidas.
Con toda esta palabrería lo único que venía a decirles es que me parece sobrecogedor, y casi milagroso dados los tiempos que corren, que una obra cualquiera, desde la más aclamada por los expertos hasta el cuento semirredactado que pueda guardarse en un cajón, consiga conmovernos y despertar hasta el más adormecido de nuestros sentidos para hacernos más humanos. Si esto sucede, y me consta que así es, podremos afirmar con rotundidad que la cultura sigue viva pese a esta crisis de la ideología en que el ser humano se halla inmerso y que en ocasiones parece arrastrarle hacia el fondo de una interminable espiral de insensibilidad y vacuidad.



[He aquí la soledad de donde estás ausente.
Llueve. El viento del mar caza errantes gaviotas.
El agua anda descalza por las calles mojadas.
De aquel árbol se quejan, como enfermos, las hojas.
Abeja blanca, ausente, aún zumbas en mi alma.
Revives en el tiempo, delgada y silenciosa.
Ah silenciosa !

Pablo Neruda]

miércoles, 23 de febrero de 2011

"Al fin y al cabo, todo guión, sea cual sea la trama que lo guíe y la estructura que siga, lleva implícito algo de ética; porque la ética es la ciencia de los medios y los fines orientados a la felicidad, y eso es un guión".

Antonio Sánchez-Escalonilla

sábado, 15 de enero de 2011

.Al principio, la vida no es más que un compartimento vacío, un camarote con un somier a estrenar y un edredón sin una sola arruga. Y supongo que no sientes nada, que estás como anestesiado aunque en los camarotes adyacentes y en los pasillos haya jaleo. Lo supongo porque el tiempo que tardas en deshacer las maletas, colocar tus cosas en los estantes y esnifar el nuevo aire normalmente suele abstraer.
Paulatinamente, vas entrando en la realidad, que no es demasiado encantadora pero que tiene los labios pintados y sabor a oportunidades por ganar y por perder. Empiezas a compartir el aire con los demás, en parte porque no hay otra alternativa y en parte porque es algo ya interiorizado eso de compartir algo con alguien.
Y los acontecimientos, claro que sí. Los acontecimientos. Nunca sabré decir si las personas motivamos los acontecimientos o si son ellos los que motivan nuestros pasos. Aquí podemos mezclar los conceptos de compartir y acontecimientos, y es entonces cuando obtenemos la oscura mezcla que tiñe nuestras sendas.
La cuestión principal de la que venía a hablaros es la sorpresa que produce percatarse de cómo las personas que nos rodean se hacen más importantes a medida que se van colando en más y más acontecimientos de los que pueblan nuestros días. Y con acontecimientos ya no sólo me refiero a hechos, sino a ideas y valores que tienen lugar en nuestro inframundo cerebélico.
De este modo, el intrincado laberinto de la existencia humana no sólo cobra sentido con la soledad que compartimos con nosotros mismos, sino también con la presencia y la influencia que las personas ejercen en nuestro día a día, pasando éstas de ser decoración ambiente a los ser pilares más o menos esenciales que conforman nuestra existencia.

viernes, 7 de enero de 2011

.Creer, en cambio, que en determinados momentos la mejor opción es quedarse inmóvil, petrificado, hacer como si no sintieses el mundo. Hablo del encerramiento en el interior, que puede ser el lugar más inhóspito y desconocido incluso para uno mismo. De este modo, ya no habrá que desempeñar roles ni controlar la comunicación gestual para que sea ésta quien sirva de guarnición a las palabras.
No obstante, la realidad es algo más complejo que todo esto, es transversal al ser humano, aparece incluso cuando no quieres que eso suceda y te obliga a reaccionar constantemente, te empuja a participar en su juego macabro de soledades acompañadas, tu escondite ya no es hermético aunque te empeñes en mantener lo contrario; la realidad se ha colado por todas partes y es prácticamente imposible que puedas mantenerte mucho más tiempo en tu ajada crisálida sin reaccionar ante el tráfico de acontecimientos que se despliega ante ti.
Tal vez puedas conseguirlo, sí, pero por cuánto tiempo?

miércoles, 1 de diciembre de 2010

.Odio esa manera de ignorar el mundo, la maldita indiferencia que, lejos de estar contenida en tarros de cristal, se desparrama por los suelos y trepa por las paredes de mi cueva como si ese territorio fuese suyo y yo fuese sólo una invitada.
Detesto, por otro lado, esa manera de decir adiós, y para esto no encuentro más justificación que mi propia misantropía. La detesto igual que adoro el sosiego verbal y el modo en que las palabras se mecen en el sonido ambiente como si fuesen las hojas de un maizal con la brisa cálida de verano.
Adoro también el intranquilo bienestar que me inunda mientras bebo tratando de no sostener la mirada y la paz que me proporciona la vuelta a casa.
Me produce cierta curiosidad la emoción que se asoma tras las puertas y nunca se anima a entrar en este terreno, es como cuando tienes ganas de llorar pero las lágrimas sólo se dignan a quedarse en las pestañas del párpado inferior. En realidad, no sé por qué lo hace, porque mi emoción siempre ha sido muy curiosa, pero debe de ser que esta vez hay algo que la retiene, y no la culpo, es más, ni siquiera me molesta que no entre a charlar.
Y ya no es que odie, ni adore, ni me produzca curiosidad, es que la indiferencia se me contagia y empiezo por no interesarme en absoluto por los fotogramas del pasado, y lo peor es que tampoco me interesan los del futuro. Y aquí ando, sin andar, claro, preocupada en absoluto por la temporalidad y sin proyecciones de futuro que incluyan filtros cálidos. Parece que todo me importe un bledo, y así es.
He estado intentando evitar(te) a toda costa en estas líneas, por si no lo habías notado.
Y, aunque venía a ponerme moñas, me parece que lo que he conseguido es que esta historia me produzca la misma indiferencia que hace unos minutos, cuando comencé a escribir; así pues, deduzca.

sábado, 27 de noviembre de 2010

"Soy un hombre cerrado, taciturno, poco sociable, descontento, sin que todo ello constituya una infelicidad para mí, ya que es solamente el reflejo de mi meta. De mi modo de vivir en casa se puede sacar alguna deducción. Vivo en familia con personas buenísimas y afectuosas, más extraño que un extraño. Con mi madre no he cambiado en estos últimos años más de veinte palabras de promedio al día; con mi padre, nada más que el saludo. Con mis hermanas casadas y mis cuñados no hablo en absoluto, sin que esto signifique que esté enojado con ellos. El motivo es sencillamente éste: no tengo absolutamente nada que decirles. Todo cuanto no es literatura me hastía y provoca mi odio, porque me molesta o es un obstáculo para mí, por lo menos en mi opinión".

Franz Kafka.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

"No es que pueda vivir, es que quiero. Es que yo quiero. La vieja carne al fin, por vieja que sea. Porque si la memoria existiera fuera de la carne, no sería memoria porque no sabría de qué se acuerda y así, cuando ella dejó de ser, la mitad de la memoria dejó de ser, y, si yo dejara de ser, todo el recuerdo dejaría de ser. Sí, pensó. Entre la pena y la nada elijo la pena"

__Las palmeras salvajes, W.Faulkner.