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sábado, 15 de enero de 2011

.Al principio, la vida no es más que un compartimento vacío, un camarote con un somier a estrenar y un edredón sin una sola arruga. Y supongo que no sientes nada, que estás como anestesiado aunque en los camarotes adyacentes y en los pasillos haya jaleo. Lo supongo porque el tiempo que tardas en deshacer las maletas, colocar tus cosas en los estantes y esnifar el nuevo aire normalmente suele abstraer.
Paulatinamente, vas entrando en la realidad, que no es demasiado encantadora pero que tiene los labios pintados y sabor a oportunidades por ganar y por perder. Empiezas a compartir el aire con los demás, en parte porque no hay otra alternativa y en parte porque es algo ya interiorizado eso de compartir algo con alguien.
Y los acontecimientos, claro que sí. Los acontecimientos. Nunca sabré decir si las personas motivamos los acontecimientos o si son ellos los que motivan nuestros pasos. Aquí podemos mezclar los conceptos de compartir y acontecimientos, y es entonces cuando obtenemos la oscura mezcla que tiñe nuestras sendas.
La cuestión principal de la que venía a hablaros es la sorpresa que produce percatarse de cómo las personas que nos rodean se hacen más importantes a medida que se van colando en más y más acontecimientos de los que pueblan nuestros días. Y con acontecimientos ya no sólo me refiero a hechos, sino a ideas y valores que tienen lugar en nuestro inframundo cerebélico.
De este modo, el intrincado laberinto de la existencia humana no sólo cobra sentido con la soledad que compartimos con nosotros mismos, sino también con la presencia y la influencia que las personas ejercen en nuestro día a día, pasando éstas de ser decoración ambiente a los ser pilares más o menos esenciales que conforman nuestra existencia.

viernes, 7 de enero de 2011

.Creer, en cambio, que en determinados momentos la mejor opción es quedarse inmóvil, petrificado, hacer como si no sintieses el mundo. Hablo del encerramiento en el interior, que puede ser el lugar más inhóspito y desconocido incluso para uno mismo. De este modo, ya no habrá que desempeñar roles ni controlar la comunicación gestual para que sea ésta quien sirva de guarnición a las palabras.
No obstante, la realidad es algo más complejo que todo esto, es transversal al ser humano, aparece incluso cuando no quieres que eso suceda y te obliga a reaccionar constantemente, te empuja a participar en su juego macabro de soledades acompañadas, tu escondite ya no es hermético aunque te empeñes en mantener lo contrario; la realidad se ha colado por todas partes y es prácticamente imposible que puedas mantenerte mucho más tiempo en tu ajada crisálida sin reaccionar ante el tráfico de acontecimientos que se despliega ante ti.
Tal vez puedas conseguirlo, sí, pero por cuánto tiempo?

miércoles, 1 de diciembre de 2010

.Odio esa manera de ignorar el mundo, la maldita indiferencia que, lejos de estar contenida en tarros de cristal, se desparrama por los suelos y trepa por las paredes de mi cueva como si ese territorio fuese suyo y yo fuese sólo una invitada.
Detesto, por otro lado, esa manera de decir adiós, y para esto no encuentro más justificación que mi propia misantropía. La detesto igual que adoro el sosiego verbal y el modo en que las palabras se mecen en el sonido ambiente como si fuesen las hojas de un maizal con la brisa cálida de verano.
Adoro también el intranquilo bienestar que me inunda mientras bebo tratando de no sostener la mirada y la paz que me proporciona la vuelta a casa.
Me produce cierta curiosidad la emoción que se asoma tras las puertas y nunca se anima a entrar en este terreno, es como cuando tienes ganas de llorar pero las lágrimas sólo se dignan a quedarse en las pestañas del párpado inferior. En realidad, no sé por qué lo hace, porque mi emoción siempre ha sido muy curiosa, pero debe de ser que esta vez hay algo que la retiene, y no la culpo, es más, ni siquiera me molesta que no entre a charlar.
Y ya no es que odie, ni adore, ni me produzca curiosidad, es que la indiferencia se me contagia y empiezo por no interesarme en absoluto por los fotogramas del pasado, y lo peor es que tampoco me interesan los del futuro. Y aquí ando, sin andar, claro, preocupada en absoluto por la temporalidad y sin proyecciones de futuro que incluyan filtros cálidos. Parece que todo me importe un bledo, y así es.
He estado intentando evitar(te) a toda costa en estas líneas, por si no lo habías notado.
Y, aunque venía a ponerme moñas, me parece que lo que he conseguido es que esta historia me produzca la misma indiferencia que hace unos minutos, cuando comencé a escribir; así pues, deduzca.

sábado, 27 de noviembre de 2010

"Soy un hombre cerrado, taciturno, poco sociable, descontento, sin que todo ello constituya una infelicidad para mí, ya que es solamente el reflejo de mi meta. De mi modo de vivir en casa se puede sacar alguna deducción. Vivo en familia con personas buenísimas y afectuosas, más extraño que un extraño. Con mi madre no he cambiado en estos últimos años más de veinte palabras de promedio al día; con mi padre, nada más que el saludo. Con mis hermanas casadas y mis cuñados no hablo en absoluto, sin que esto signifique que esté enojado con ellos. El motivo es sencillamente éste: no tengo absolutamente nada que decirles. Todo cuanto no es literatura me hastía y provoca mi odio, porque me molesta o es un obstáculo para mí, por lo menos en mi opinión".

Franz Kafka.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

"No es que pueda vivir, es que quiero. Es que yo quiero. La vieja carne al fin, por vieja que sea. Porque si la memoria existiera fuera de la carne, no sería memoria porque no sabría de qué se acuerda y así, cuando ella dejó de ser, la mitad de la memoria dejó de ser, y, si yo dejara de ser, todo el recuerdo dejaría de ser. Sí, pensó. Entre la pena y la nada elijo la pena"

__Las palmeras salvajes, W.Faulkner.

lunes, 15 de noviembre de 2010

.En mitad de mi trabajo acerca del modo en que las ONG's comunican, acaba de llegar a mi mente como un destello un par de frases que pronunció delante de una clase de hormonas con 14 años mi profesor de Ciencias Sociales, que sería mi profesor de Historia hasta abandonar el instituto con 18: "los países pobres van a seguir siendo pobres mientras que los países ricos sigan queriendo ser ricos. Si éstos últimos explotan sus recursos y sacan partido de la lamentable situación en que todos ellos se hallan, tened claro que seguirán haciéndolo si eso les ayuda a afianzar su poder en el mundo".
Pedro Colmenero tenía toda la razón del mundo; y me maravilla la idea de que pueda seguir repitiendo esas frases a todos los cursos a los que dé clase, porque sólo con que una persona tomase conciencia de ellas, se obtendría una gratificación.

sábado, 13 de noviembre de 2010

.Igual te preguntas por qué ahora y no dentro de un mes que es tu cumpleaños, y te respondería si pudiese encontrar una razón lógica a este constante recuerdo que me abraza hasta casi ahogarme. Ya sabes, hay amores que matan (aunque el tuyo a veces me da la vida).
Sé que te encanta la forma artificiosa, lo llamativo en su esencia y lo vital, todo lo que infunda ánimo de seguir saltando, o tropezando, aun en las sendas más pedregosas. Sí, claro que lo sé; han sido muchos veranos a tu lado y muchos inviernos prendidos del fuego de una cerilla cuya llama titilaba con el viento y amenazaba con apagarse.
Pero esta vez vas a tener que disculparme, estoy de un gris insoportable. Cuando me ducho, el agua cristalina se convierte en gris, las luces se convierten en un brillo mortecino y las paredes amenazan con sombras de color gris oscuro casi negro. Te digo esto para que sepas, aunque sé que eres plenamente consciente de ello, que te escribo desde la más profunda melancolía.
Desde la habitación con paredes grises que el Otoño ha pintado, te escribo para agradecerte esa capacidad insólita que tienes de alegrarme los momentos con sólo ver las fotos que tenemos juntos. Esta capacidad no sólo viene motivada por el hecho de que estéticamente quedas bien donde quiera que te pongas, sino que en ella intervienen factores como tu vitalidad, que sobrepasa los límites icónicos para instalarse a mi lado y me hace pensar que merece la pena volverse gris durante un tiempo sólo por volver a darte un abrazo.
Eres una de esas personas que aparecen en la vida de los demás como por casualidad y acaban instalándose hasta conseguir la etiqueta de "celebrity". Alguien edición limitadísima, de originalidad casi imposible y exultante carácter. Alguien capaz de teñir la mañana más austera de verde y naranja, capaz de llevar al extremo el término diversión en una noche fría como un témpano.
Y tengo que darte las gracias también porque, de no ser por tí, no tendría ni la mitad de mis fotos preferidas, me faltaría un 50% de los fotogramas que, día a día, aportan una dosis de energía a mis mañanas de lunes.
Por personas como tú puedo decir que tengo dos hogares. Uno, el indómito mundo al que me enfrento yo sola con los pilares que el destino ha puesto en mi camino en forma de amigos, y otro, el que se adivina tras vastos campos verdes y marrones y donde se respira el aire más puro que se ha creado.
Gracias a personas como tú, no podría jamás abandonar ese mundo por mucho empeño que pusiese.
No sé si se me ha escapado decírtelo alguna vez, pero TE QUIERO. Así, con mayúsculas y con un convencimiento que casi asusta.