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viernes, 7 de mayo de 2010


.Violeta calma sus furias paranoicas con Blues.
Un caso curioso es el de aquella noche de primavera que salió al balcón con su pijama a ver las estrellas escondidas tras la espesa capa de contaminación de la ciudad, pero enfureció cuando notó que el único brillo de la noche era el de las farolas de la calle.
Corrió a su habitación y encendió el tocadiscos tan pronto como sus dedos le permitieron, se puso de espaldas a la ventana y se sentó en el suelo.
Sonaba Van Morrison con su Goldfish bowl y no pudo sino sentirse como un pequeño pez atrapado en una pecera donde la vida suponía únicamente limitarse a respirar y cerrar los ojos por las noches, como si todo fuese un trance.
Después de Goldfish bowl vino Moondance, que la llevó a pensar en lo cremosa que parecía la luna colgada en una bóveda oscura. Luego vino Soul para peinarle el alma alisándole su furia, y después Brown eyed girl, que le recordó que sus ojos pudiesen parecerle preciosos a alguien de ahí fuera. Finalmente llegó Tom Jones, que acompañó a Van en Sometimes we cry, haciéndole caer en la cuenta de que llorar a veces era un modo de sentirse humana.
Entonces, antes de quedarse dormida en el suelo, sólo le dio tiempo a pensar que la ciudad igual no era como se reflejaba en su furia paranoica, ni tan fantástica como cuando aterrizó en ella, sino que a veces tenía que asustarla un poco para que los buenos momentos pareciesen mejores.


Porque siempre conviene alegrar a la gente también, de vez en cuando, está bien asustar un poco.

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