CC

Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

viernes, 6 de agosto de 2010

Estábamos en la terraza tomando alcohol cuando me preguntó por qué, así sin más.
Yo estaba con las manos apoyadas en la barandilla helada, sintiendo los huesos del Febrero más tibio de mi breve existencia, y le pregunté que por qué qué en concreto.
Empezó otra vez con esa jodida risa que me provocaba una horrorosa y violenta incertidumbre, y, sólo cuando vio un destello iracundo en mi mirada, sosegó y me preguntó: por qué estamos aquí? Pensé que estaba de un existencialista profundo y quise regalarle algún dardo mordaz, pero en seguida continuó expresándome lo rara que se le presentaba aquella situación, diciendo algo como que éramos dos personas de tiempos distintos y mundos parecidos que estaban ligados por una soga invisible más resistente en un lado que en otro que podía vencerse en cualquier momento.
No voy a negarles que aquello me sorprendió, estaría mintiéndoles.
Me acerqué un poco a él, lo suficiente para tocarle la barbilla, y le dije que el amor era puramente irracional, y que ahí encontraba yo la respuesta a su pregunta.

martes, 3 de agosto de 2010

.Una vez me contó en medio del café que follar con él era distinto, y no supe qué cara poner.
Empezaré desde el principio, de acuerdo.
Habíamos quedado en mi cafetería preferida, que solía estar llena siempre pero aquel día parecía haber sufrido un exterminio, porque no había ni rastro de otra vida humana ajena a la de la camarera.
Pedí mi clásico solo con hielo de verano y ella pidió su clásico café vainilla. Empezó a contarme de los de aquí, de los de allá, y de los de más acá hasta que llegó a él.
Me dijo que había conocido a alguien completamente maravilloso que le hacía sentir especial, y supuse que era uno de esos romances pasajeros que acostumbraba a coleccionar, hasta que me dijo su nombre y sus atributos físicos, y tuve que disimular muchísimo, pero aún así tuve que justificar mi expresión diciendo que la descripción no coincidía con el tipo de chicos que ella acostumbraba a frecuentar.
Me dijo que en eso precisamente estaba la gracia, en que era algo completamente revolucionario para ella, algo que había conseguido romper por completo todos sus esquemas. Le dije que sí, que era maravilloso, y entonces fue cuando empezó a hablarme de sus vaivenes de índole carnal.
Empezó a contarme lo maravilloso que era hacer el amor con él (porque hacían el amor en lugar de follar), y yo, mientras escuchaba su voz como un murmullo lejano, recreaba en mi mente mis momentos junto a él.
Ella no paraba de hablar, se la veía emocionadísima de veras, y yo, que estaba al borde de una taquicardia severa, concluí esa conversación diciendo que nos habíamos pasado la vida intentando encontrar al tipo que fuese bueno en la cama y que tuviese un comportamiento adecuado en todolodemás, y que cuando lo encontramos igual se desvanece pronto por cualquier estupidez.
Entonces se quedó muy seria, le dije que yo pagaría la cuenta y que tenía que irme inmediatamente.
Si están pensando en que lo primero que hice tras salir de la cafetería fue derrumbarme, se equivocan, lo primero que hice fue llamarlo para preguntarle si era feliz con su nueva chica, y su respuesta fue que sí, que era la mitad de feliz de lo que lo fue conmigo, y eso le hacía sentir el hombre más afortunado del mundo.

domingo, 1 de agosto de 2010

.Recuerdo que en aquel pequeño comedor estábamos reunidas muchas personas, yo sólo conocía a una de ellas y miraba con curiosidad al resto. Miraba también el dibujo que estaba al lado de la ventana que tenía enfrente, los carteles antiguos y las puertas de una madera blanca que parecía ser mucho más vieja que el suelo de aquella ciudad.
El dueño de la casa se llamaba Ramón, y su pelo era de esos que a una no se le olvidan fácilmente. Recuerdo que llegó de una de las habitaciones con un portátil y lo abrió como si estuviese descorchando una botella de vino para celebrar algo muy importante. Abrió su carpeta de música y nos sirvió a todos una copa de rock indie.
Fue curioso, porque en aquel ambiente conseguí sentirme especialmente bien, aunque no conociese apenas a nadie y no fuese la situación más cotidiana del mundo, pero se desprendía un ambiente tan sincero que sentirse incómoda hubiese sido una enorme falta de educación.

jueves, 29 de julio de 2010


.Te dije que todas aquellas locuras yonkis me excitaban mucho más de lo que conseguía hacerlo el ingenio mordaz de Woody Allen y las teorías de McLuhan, me estaba refiriendo a todas aquellas cosas que salían intensificadas en algunas secuencias del cine moderno y que yo nunca terminé por decidir si era capaz o incapaz de morderlas fuerte y terminar siendo más poderosa que ellas.
Delante de tí yo tenía que ser la mujer de acero, la mujer a la que, si le aplicas un poco de calor se convierte en lava sólida y si le aplicas un poco de frío tienes que tener cuidado de no tocarla para no convertirte en hielo. En esto no iba desencaminada, pero no conseguía ser tan valiente como quería, y a veces me convertía en gelatina.
Me estaba tirando un farol, pero claro, eso era lo único que tú no podías saber, y, por supuesto, fue lo único que terminaste por deducir.

Imagen: Christian Louboutin-David Lynch

domingo, 25 de julio de 2010

.Como siempre, me encontré con que me había quedado colgada de un completo desconocido.
Intenté buscar una explicación lógica que respondiese a esa especie de tendencia que me llevaba siempre a un irrevocable desastre emocional, pero siempre acababa incrustada en una jodida explicación que normalmente expresaba una conformidad irreverente, quiero decir que normalmente me ponía excusas a mi misma para explicarme que todas aquellas pequeñas recaídas, me decía que lo normal era eso y que era más coherente enamorarse de lo que a una le gusta y realmente quiere que no convencerse de algo que vemos y con lo que tendremos que convivir de un modo u otro.
Entonces me surgió una duda: de qué nos convencemos? de que esas cosas realmente nos gustan o de que vamos a tener que convivir con ellas día a día?

lunes, 19 de julio de 2010

.Sé que, por definición, el olvido hace referencia a un proceso que nos expone a la pérdida selectiva (o completa) de la memoria, pero, no sé, yo creo que es algo más complicado.
Empezaré desde el principio para que se hagan una idea, no es demasiado fácil, tampoco quiero que piensen que va a ser complicado, no. Me refiero a que es extraño, basta con hacerse una idea y asimilarla, no hay más.
Les contaré cómo comenzó toda esta falacia que terminó siendo una paradoja, los conceptos aquí evolucionan con la historia, sí, como las personas. Son una especie de actantes, desempeñan un papel fundamental.
Al principio no me daba cuenta, creía que tenía cosas más importantes que pensar, pero no se imaginan lo equivocada que estaba. Más tarde lo entendí.
Empezó como uno de esos juegos típicos de película francesa de cine independiente, ya saben, una idea desarrollada que no seguía las coordenadas de ningún otro dogma y cuya constante formal era que todo el celuloide estaba impregnado de un extraño color verde. Me refiero a que en un momento determinado imaginé algo que, aunque en un principio quedó a un lado, posteriormente sería desarrollado como otra realidad que dio mucho sentido a mis días y que, en parte, justifica mi actual estado.
Apareció mucho antes de yo desarrollar la idea en cuestión, en concreto catorce meses antes, pero mi imaginación se veía demasiado débil para traspasar fronteras, claro, que yo tenía otros planes diferentes. Apareció, como les decía, con sus ojos de un color que no existe, o que al menos no sé definir, con su coche de un color que tampoco existe o que tampoco sé definir, y su voz de un tono que, aunque sí existe, tampoco sé definirla con exactitud.
Sí, apareció así, y un día decidí incluirlo en mi guión para convertirlo en una especie de antihéroe al que fulminaría dos secuencias más tarde (aunque, como siempre ocurre, la cosa se alargó más de lo previsto). Era una mediodía de Noviembre y el azar o nosotros mismos decidimos sentarnos uno frente a otro a comer con ocho personas más, y así empezó nuestra primera conversación, que, aunque no tuvo nada de interesante, nos llevó a contraer una especie de lazo que yo interpreté como matrimonio, pero esto vendría más tarde.
Pasaron dos meses en los que yo viví en la más absoluta inopia, o al menos eso opina el instinto que me lleva a interpretar todo como si fuese literatura. Poned que han pasado dos capítulos que contenían el hecho de mentalizarse de que otra historia ajena a esta había terminado y unas Navidades lúgubres (como todas las Navidades).
Ahora estamos en un Enero frío como un hierro en la madrugada noruega, y, de repente, una coincidencia en un pasillo me hizo caer del nido y ver que, efectivamente, había otra realidad. Es como si al caer hubiese atrapado también la manta que cubría aquella especie de quimera. Me encontré con un esposo, una hipoteca que nunca pagaría y un planning que me obligaba a hacer la cena los martes y los jueves.
Supongo que sabéis cómo funciona un matrimonio, no hace falta que dé muchas explicaciones, pero voy a deciros que fueron unos meses de absoluto caos, un caos muy agradable, todo hay que decirlo, que me llevó a maravillarme casi con cualquier cosa.
Con esto quiero decir que practicábamos todo lo que en un matrimonio se practica, desde ir a hacer la compra hasta hacer el amor hasta perder la cuenta, pasando por discutir al menos cinco veces por semana.
Y, de repente, un día dejé que alguien me rompiese la quimera. Llegó dos días antes y le di permiso, habiéndome prometido a mi misma que todo estaba bien, que esa quimera iba a tardar mucho tiempo en romperse y errando, como supondrán, en el intento.
Como leen, vendí mi quimera, mi memoria y mi risa a alguien que llegó dos días antes. Creo que dejé en esa persona mucho más de lo que yo misma había conseguido, y se preguntarán, quizás, si mereció la pena.
Voy a contarles la verdad, o al menos lo que más se le aproxime; si nos estamos refiriendo al tiempo que duró aquella puñalada, no mereció demasiado. Si nos referimos a todo aquello que experimenté sensorialmente mientras duró, igual sí. Si nos referimos a la calidad, entramos en un problema. Entramos en un problema y les diré por qué, porque me mentí a mí misma diciéndome que había sido maravilloso y que nunca encontraría nada mejor, sabiendo de sobra que lo había, pero de igual modo poniéndome una venda en los ojos y caminando errante durante diez largos meses.
Por supuesto, rota la quimera, tuve que mandar al exilio a todo aquello que conllevaba la misma, y aquí es cuando volvemos a lo que les dije al principio respecto al olvido. Se exiliaron lejos de la quimera, pero se instalaron al lado de mi fuente de recuerdos, haciéndome tanto daño que me volví en contra no sólo del mundo sino también de mí misma.
Desde entonces hasta ahora, he decidido instalar mi otra realidad dentro de los escombros que quedaron de mi quimera, pensando que quizás en algún momento pueda volver a construir una realidad que ensartase a aquel actante magnífico de la historia que termino de contarles.
Y se preguntarán por qué no he olvidado algo que jamás pasó, les daré la respuesta. Saben? a veces es demasiado peligroso construirse un mundo que sea mucho mejor de lo que tu propia realidad es. Si a eso le sumáis una capacidad de recuerdo enorme y un olvido selectivo que nunca deja de actuar, tenéis el resultado, la clave por la que les escribo esto que, a su vez, viene motivada por mi estado: una nostalgia impertinente que no deja de acariciarme el cuello por las noches para hacerme creer que alguien duerme a mi lado. En efecto, duerme alguien, mi propia soledad.

martes, 6 de julio de 2010

.El peor fuego es aquel que encuentra su fin en su propio inicio, que tiene armas para regenerarse a partir de sí mismo sin querer seguir trabajando, que convierte el oxígeno en combustible para seguir gritando sin pararse a respirar.
Este tipo de fuego tampoco se para a pensar porque utiliza sus neuronas como leña para alimentar su propia ira. Es como una especie de automatismo, hasta tal punto que cuando termina de trabajar se convierte en mil pedacitos grises y sus lágrimas se disfrazan de un humo tenue y pegajoso, y se queda desecho sin fuerzas que le sirvan para algo más que para soportar encima de él a otro fuego tanto o más potente como lo fue él.
Reducidos a cenizas, no somos más que el sustento de los vivos.